Mentiras y narcisos

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Pareces cansado. Acércate a la sombra de ese viejo roble y descansa. Necesitas un respiro, necesitas paz y sosiego. El mundo marcha a gran velocidad y no nos deja reposar. Es tu momento.

No tengas miedo, ese roble no se moverá; acomódate y cierra los ojos. Ahora, solo siente el frescor de la brisa en tu rostro. Percibe el calor que desprenden los tenues rayos en tu fina piel a través del espeso follaje. Trata de escuchar el canto de los gorriones, pues hablan de ti. Oye el resonar de las campanas de aquella lejana iglesia, que un día un gran Hombre levantó. Acaricia suavemente la hierba entre tus pies, aún está húmeda. Hay un narciso que yace junto a ti, fíjate en él: tiene un gesto simpático y, parece, que su corazón late más fuerte que nunca; las diminutas gotas le sientan como preciosos diamantes, le adornan la faz. El olor a lavanda llama tu atención, pues ambienta tu cuadro con gran acierto. Parece que tu vida roza la perfección. La naturaleza es sabia y despierta nuestros sentidos –piensas– solo que estás demasiado ocupado para reparar en ello. Una tímida sonrisa se te escapa al recordarlo.

Silencio.

Un silbido que va en aumento invade el espacio, te despierta. Personas, que antes ignorabas, corren sin dirección alguna. Llantos, gritos y lágrimas. Sangre y sudor. Un gran estruendo derrumba aquella iglesia. El pueblo está destruido, al igual que las familias. Abunda el caos. Miras entre tus pies y aquella verde hierba ha marchitado. Los gorriones huyen del peligro, y su canto se ha convertido en un intenso y triste llanto. ¿Quién querría algo así?, te preguntas.

Miras a tu alrededor y no reconoces el paisaje, el pueblo está vacío. No hay rastro de vida, de ningún tipo. El humo y el silencio reinan sin resistencia y compasión. No entiendes nada. Andas cabizbajo sin rumbo. Tus sentidos y recuerdos recientes han colisionado como una locomotora a gran velocidad, qué absurda es la vida. Te alejas del lugar.

Te das la vuelta para observar la desolada escena. Pero…¿qué es eso?

Algo te ciega e impide que puedas enmarcar el paisaje. Te intriga el resplandor, así que te acercas a él. Te preguntas cómo no lo habías advertido antes, ya que se encuentra al pie del viejo roble. No das credibilidad a lo que tus ojos parecen ver. Todo ha perecido menos tú –piensas–, ¿qué te hace tan especial?

Aquel pequeño narciso tiene más fuerza que antes. En su interior algo parece florecer, algo que nadie puede parar. Es la ilusión de niños y padres, de intelectuales y justos. Un atisbo de esperanza tiene más fuerza que cien mil cañones y mentiras.

La Verdad os hará libres. 

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Un comentario en “Mentiras y narcisos

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