la Cruz “amarilla”

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Cruces amarillas en la playa de Llafranc, Girona.

No estaré aportando nada nuevo si digo que entre España y Cataluña pervive una cierta tensión desde hace ya unos años. Sin embargo, desde hace apenas unas semanas, la postura política independentista ha virado levemente su rumbo. No para cambiar de dirección ni de objetivo, sino de ruta. El nuevo camino independentista ha introducido un ínfimo detalle que, a simple vista, parece pasar desapercibido; pero que, sin apenas percatarnos, permanece grabado en nuestra memoria, en las profundidades de nuestro subconsciente. Se trata de un pequeño gran detalle.

A principios de este mes, La Vanguardia, publicaba un artículo en el cual adjuntaba una fotografía de Carles Puigdemont, reunido con alguien el cual ya no recuerdo, en su despacho de Berlín. En la imagen, no escondida pero sin llamar la atención, se encontraba, sobre la mesa, una bella figura de no gran tamaño de la Mare de Déu de Montserratla Moreneta–. Hoy, y desde hace pocos días, se está poniendo de moda clavar cruces amarillas en las playas de Cataluña –y a falta de cruces, dos toallas o bufandas amarillas colocadas de forma perpendicular cumplirán la misma función–. Si a esto, además, le sumamos el papel de Mesías que adoptó Oriol Junqueras desde que fue ingresado –injustamente, a mi parecer– en prisión, parece que nos encontremos en el más católico Estado de Europa; aunque la realidad nos indique todo lo contrario.

Parece que el independentismo se ha apropiado del símbolo cristiano, pero la única fe que poseen es la de su propio egoísmo. Mismo egoísmo que abunda en la Moncloa y en el Congreso. La Cruz no es amarilla, ni de izquierdas ni de derechas. La Cruz es del mundo, y encuentra su significado en las palabras de Jesús. No obedece a modas, ni a políticas. La Cruz lleva años anclada en el mismo lugar… porque cuando todo pasa, y el tiempo avanza, y todo cambia y la gente te abandona, la Cruz aguanta firme donde fue clavada.

 Quizá, cuando todo esto termine, más de uno acaba abrazando la Verdadera Cruz.

“En mi barca no tengo oro ni espadas. Solo redes y mi trabajo”.

 

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