Aquarius Zero

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El Aquarius de SOS Méditerranée.

Italia se ha convertido en una de las principales dietistas de Europa; los representantes actuales de Da Vinci, Galileo, Vivaldi y de Pavarotti, Francesco Totti o Armani y de todo el pueblo italiano, están de acuerdo en erradicar, por completo, el refresco azucarado por excelencia de los deportistas: «No al Aquarius».

Es de justicia recordar la emigración italiana hacia la Argentina, durante más de un siglo, por motivos bélicos: los coetáneos italianos de Napoleón Bonaparte, así como aquellos que huyeron violentados por la nefasta situación del país provocada por la posguerra de la Primera Guerra Mundial, se vieron obligados a abandonarlo en busca de nuevas oportunidades y una nueva vida. Los mismos motivos por los que los itálicos  emprendieron un nuevo rumbo a Argentina, hoy, a los almibarados ingredientes del Aquarius, les han prohibido la entrada.

Nuestra España ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Lo fue antaño, siendo faro espiritual del mundo, admirada por su grandeza, envidiada por su cotizado poder; y hoy no lo será, pero pequeños gestos de fraternidad magnifican y rememoran lo que nuestro país un día fue. Todo gran imperio, forjado por su fe, sucumbe ante las amenazas mundanas y carnales: las mismas por las que el hombre fue expulsado del Edén; las mismas por las que el ministro del Interior italiano ha optado por, si es Aquarius, que sea Zero.

Por todos cuantos aborrecen la llegada de los inmigrantes a nuestro país, recuerden y recapaciten las palabras de otro héroe español, que tanto dio, y sigue dando, a su tierra.

«Cuentan de un sabio, que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas yerbas que comía.
¿Habrá otro –entre sí decía–
más pobre y triste que yo?
Y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que iba otro sabio cogiendo
las hojas que él arrojó.
Quejoso de la fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿Habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?,
piadoso me has respondido;
pues volviendo en mi sentido,
hallo que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías,
las hubieras recogido».

[La vida es sueño, Calderón de la Barca].

Generosidad es dar lo teniente, no lo sobrante.

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