Madrid habla catalán

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El arte de la guerra, escrito por el famoso estratega militar Sun Tzu, ha sido, a lo largo de los siglos, fuente de inspiración de numerosos emperadores, dictadores, militares y cualesquiera que ocuparan un cargo de poder allí donde reinaban. Parece que en la Moncloa –uno de los centros de poder español– han heredado, sino por lectura, por el transcurso de los tiempos, algunos resquicios en los que parece florecer una estrategia política para reunificar el reino de España.

La postura política entre España y Cataluña es clara en el Partido Popular y en Ciudadanos: el PP perdió Cataluña hace años; Ciudadanos reúne prácticamente todos los votos catalanes no independentistas en Cataluña. ¿Objetivo de ambos? Negarse ante cualquier situación que comporte la negociación con el Govern, y de este modo asegurar los votantes del resto de España.

Pero esta estrategia llevada a cabo por el conservadurismo rancio de la “derecha” –o centro derecha– española ya ha dado sus frutos, y han sido decepcionantes. La tensión no ha dejado de aumentar, y más que solucionar el problema, se ha agravado. Algunos solo ven españoles, como Rivera, y con tanto español, los problemas llegan sin ser vistos.

«Nos defendemos cuando [el enemigo] nos aventaja en fuerzas, y atacamos cuando no tiene las suficientes», eso decía Sun Tzu, y así lo ha hecho Pedro Sánchez, haciendo lo posible por desbancar al Partido Popular de sus sillones azules. Lo ha conseguido y ahora es su turno: de forma más arriesgada y estratégica, han preferido focalizar su objetivo –vista la debilidad de los votantes socialistas en todo el país– en hacerse con uno de los bastiones más importantes del reino de España: Cataluña. El PSOE ha movido ficha, y si le sale bien, podrá reestructurar y reunificar España, siempre que la política siga en la misma línea. No se entiende por qué los mandatarios independentistas encarcelados estaban en prisiones alejadas, no solo de Cataluña, sino de sus familias. Tampoco que nada se hiciera para acercar posturas. Mientras unos se nutren de la confrontación de la misma España, otros ponen los medios para apaciguar la situación.

Decía Chesterton, «si nos jactamos de lo mejor, debemos arrepentirnos de lo peor. De otro modo, el patriotismo será una pobre cosa». No es más patriota quien se enorgullece de las actuaciones policiales del 1 de octubre, tampoco quien se alegra de que el antiguo Gobierno del Estado no tratara de acercar la perdida relación con el “Govern de Catalunya”. Las cosas se hicieron mal en su momento, ahora toca cambiarlas.

Desde hace apenas unas horas, la cuenta de Twitter de la Moncloa habla una lengua extraña: en Madrid se habla catalán.

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