Llora Nicaragua, España ignora

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Daniel Ortega ha sido presidente del país cuatro veces: en 1985, 2007, 2012 y 2016. Se encuentra en su tercera legislatura consecutiva; en la primera se vio obligado a convocar elecciones, en 1990. Ortega es líder del partido sandinista, conocido como Frente Sandinista de Liberación Nacional, proviene de corriente marxista leninista. Parece ser que las últimas elecciones están viciadas. Hoy llora Nicaragua, sufre y sangra.

Elecciones del 5 de noviembre, 2006: Daniel Ortega enarbola la bandera de paz y solidaridad. Hace referencia, en distintas ocasiones, a Dios y al amor. Gana las elecciones. Jura el cargo el 10 de enero de 2007.

Elecciones del 6 de noviembre, 2011: Ortega vuelve a ganar las elecciones, no sin polémica de por medio. La Constitución nicaragüense establece en su artículo 147 la prohibición de investirse presidente por tercera vez. Aquel que ya ha presidido durante dos legislaturas el Gobierno de Nicaragua no podrá hacerlo de nuevo. Sin embargo, la Corte Suprema falla en favor de Ortega. Posteriormente, la Asamblea Nacional, órgano interpretativo de la Constitución, declara nula la sentencia de la Corte. Aun así, en 2012, Daniel Ortega jura el cargo de presidente de la República de Nicaragua.

Hoy, el artículo 147 de la Constitución Política de la República de Nicaragua, se lee de forma distinta. El 29 de enero de 2014 se llevó a cabo una reforma parcial de la Constitución.

El 30 de julio de 2016, Ortega despoja de sus escaños a 17 miembros de la oposición en el Parlamento. Cuatro meses antes de las elecciones generales.

Elecciones del 6 de noviembre, 2016: el proceso electoral es seriamente cuestionado. Son varias las organizaciones de observación independiente las que denuncian irregularidades en los comicios. La palabrería no era fruto de envidiosos de la oligarquía orteguista, sino una realidad que el mismo Ortega ha ido confirmando con su actuación día tras día. En este punto, pues, comienza a tomar forma un régimen totalitario todavía disfrazado de democracia. Si es que no había comenzado ya.

El 5 de octubre de 2017 son las elecciones municipales, una de las voces más importantes de Managua, el obispo auxiliar Silvio Báez dice: “no voto porque el sistema está viciado y no ofrece confianza al pueblo“. Ortega carga contra él. Al obispo se le une, también, las críticas de Xyskia, una monja tuitera que denuncia los acontecimientos del que es, también, su país. El mismo día, simpatizantes del partido Yatama iniciaron una protesta debido a que se les había prohibido participar en los comicios a pesar de tener en regla toda la documentación. Simpatizantes sandinistas se enfrentaron a aquellos. El resultado de la trifulca fue de dos simpatizantes de Yatama muertos, tres heridos y ocho casas incendiadas.

El Gobierno, debido a su mayoría absoluta en el Parlamento, toma decisiones unilaterales que afectan directamente sobre la población. Ortega decide retirar una reforma de la Seguridad Social, esto implica un recorte del 5% a los pensionistas; del mismo modo, Ortega incrementa la edad de jubilación a los 65 años. Pocos días más tarde, el 20 de abril de 2018, cientos de nicaragüenses salen a la calle en señal de protesta para manifestarse contra las medidas adoptadas por el Gobierno. Son duramente reprimidos por las autoridades del Gobierno, el día se salda con 30 muertos. Las manifestaciones, protestas y revueltas del pueblo han ido en aumento tras las crueles e inhumanas decisiones del Gobierno. Entre las distintas políticas de Daniel Ortega destacan: la censura de redes sociales –Facebook, Twitter y Youtube–, la censura de televisoras independientes –100% noticias y la 12–, así como la represión de colectivos del Frente Sandinista a los críticos del Gobierno.

La Iglesia se ha ofrecido como mediadora de partes, entre el Gobierno y la ciudadanía nicaragüense –principalmente el movimiento estudiantil y los pensionistas–, junto con el sector privado. La Iglesia ya ha manifestado su postura: apoya a los manifestantes y ha ofrecido los templos como refugio. Han sido atacados distintos miembros del clero, tales como el cardenal Leopoldo Brenes, el mismo Silvio Baez e incluso representantes del Vaticano en el país.

Desde las últimas elecciones han pasado 100 días y, a día de hoy, el recuento de fallecidos por la brutal represión policial, militar y paramilitar –al servicio del sandinista Ortega– es de prácticamente 400 muertos.

No ha habido mucho ruido en España sobre la situación de Nicaragua. Ni el Gobierno, ni el conjunto de políticos, ni los medios de comunicación han denunciado tal injusticia. Y quienes lo han hecho no se han molestado en alzar demasiado la voz.

Nicaragua no ocupa portadas ni goza de minutos en los telediarios. Nicaragua no es país occidental. No es rica. Nadie se acuerda de Nicaragua porque no hay demasiado interés en ella. En Nicaragua brotan lágrimas y sangre, la gente sufre un régimen represivo y dictatorial. Nicaragua pide ayuda. Sin embargo, mientras el mundo entero le da la espalda, Nicaragua lucha y resiste. Nicaragua defiende la patria. España se vuelve e ignora.

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