Víctimas del silencio

A propósito de las declaraciones del presidente del Partido Popular, Pablo Casado, y de la irrupción de VOX en el escenario político español, vuelve a coger fuerza la temática del aborto. Asunto que, para algunos, está más que zanjado. Sobre tan delicada materia, lo emocional suele dirigir las conversaciones o debates creados, sea cual sea la postura adoptada; suele criminalizarse al que disiente, tildándolo de machista y retrógrado, o bien de asesina y libertina. Por ese motivo, vendría bien dejar de lado las acusaciones espontáneas y simples e intercambiarlas por algo de memoria histórica y demostración científica; huir del sensacionalismo barato y superficial y acudir a la investigación sosegada por parte de cada uno. Bajo estas líneas se encontrarán datos comprobables en todo momento, algún que otro testimonio y estudios científicos. Alguna que otra anécdota y, desde luego, un ligero toque de opinión.

Vida. El Comité de Bioética de España emitió un dictamen en 2009 –en virtud de la Ley Orgánica 2/2010 relativa a la Salud Sexual y Reproductiva–, el cual afirma que la vida comienza en el momento de la fecundación; embrión unicelular que irá multiplicándose sin pausa. El embrión es, entonces, vida humana y persona. Esta aseveración es consenso científico a nivel mundial y no admite discusión sobre ello. Cabe recordar que en el momento de la fecundación se produce la única aportación genética en el ser humano, que transcurre en continuidad  hasta su muerte.  Nicolás Jouve de la Barreda, catedrático de Genética y doctor en Ciencias Biológicas, afirmó que, “desde el punto de vista de la Biología, vida humana, ser humano y persona son exactamente lo mismo” y que “la primera realidad corporal de ese ser es el cigoto”. Así pues, sería conveniente que la filosofía y la biología no optaran por caminos distintos en cuanto a sus conclusiones, sino que la primera no niegue los hechos biológicos y parta de ella para realizar la pertinente y adecuada reflexión sobre la vida.

El vacío trono del rey.

En la década de los 70 y principios de los 80, Bernard N. Nathanson, apodado el “rey del aborto”, practicó más de 75.000 abortos durante toda su vida, pero poco a poco algo le carcomía por dentro, el remordimiento. Él mismo confesó con desesperación: «he abortado a los hijos no nacidos de amigos, colegas, conocidos e incluso profesores. Llegué incluso a abortar a mi propio hijo». Nathanson le comunicó a un colega de profesión –que practicaba entre 15 y 20 abortos diarios– que utilizara la tecnología novedosa del momento, un aparato de ultrasonidos, para grabar el aborto que este iba a practicar.  Con esta cinta, Nathanson produjo un documental junto a Donald S. Smith condenando el aborto: El grito silencioso(1984).Cuando el colega de profesión vio el documental quedó asombrado, de tal modo que tuvo que abandonar la sala; regresó con la convicción de no practicar un aborto más. Del mismo modo, la mujer que sostuvo la cámara ultrasónica fue una activista de los derechos de la mujer –apoyaba el aborto–, pero, también, quedó conmovida con lo que vio en la película que “nunca más discutió sobre el tema del aborto”. 

En palabras de Nathanson “no hay ningún cambio revolucionario ni dramático en la forma o en la sustancia de esta persona durante esta etapa de desarrollo”, refiriéndose a la evolución del embrión, desde la semana cuarta a la 28. Asimismo, y sin detenerme demasiado en la explicación de este documental, Nathanson recuerda que, en 1983 ya se practicaban alrededor de 1.500.000 (un millón quinientos mil) abortos –tan solo hacía 10 años de su legislación–. Y que, tomando en cuenta que cada aborto suponía entonces unos 300/400 dólares, la industria abortista recaudaba anualmente entre 500.000.000 (quinientos millones) y 600.000.000 (seiscientos millones) de dólares. Lo cual la situaba entre las 500 industrias más grandes del mundo. El 90% de las ganancias iban destinadas a los médicos y el tanto por ciento restante a quienes administraban estas clínicas. Nathanson informó que el no nato no es la única víctima, también lo es la mujer.

Destruyendo a la mujer.

Nathanson ya informó de lo que hoy pocos denuncian: “a las mujeres no se les informa de la verdadera naturaleza ni de la verdad. Varias de ellas sufren destrucción de órganos, perforación, infecciones, quedan estériles; todo ello como resultado de la operación”.

Acercándonos, de nuevo, a la realidad actual, son diversos los estudios publicados que han denunciado –o simplemente informado– de las consecuencias que tiene sobre la mujer la práctica del aborto: “tras un aborto provocado, el riesgo de placenta previa y el parto prematuro, con posible aborto espontáneo, se presentó en tres de cada cuatro mujeres con historia de aborto[1]”; “el aborto provocado por aspiración produce un riesgo aumentado de pérdida del hijo en el siguiente embarazo[2]”; “tres de cada cinco mujeres con historial abortivo provocado sufren un parto gravemente prematuro. También, el aborto provocado aumenta riesgos en estado de ánimo –depresión y autolesión– enmarcadas dentro del síndrome post-aborto[3]” y, esta última, se complementa con el estudio publicado en el Journal Of Anxiety Disorders, año 2005, que afirma que «mujeres que han sufrido un aborto provocado padecen un síndrome de estrés generalizado con un 30% más de probabilidad que las que han llevado adelante su embarazo no deseado», o conocido, entre otros efectos, como el síndrome postaborto. Estos son solo algunos de los tantos estudios realizados, y aquí he expuesto una breve selección sobre las consecuencias que supone el aborto.

¿De qué tipo de salud sexual y reproductiva estamos hablando? ¿Qué tipo de salud hay cuando dos personas entran en una clínica y solo una sale con vida? ¿Cuál es la salud para la mujer cuando, mediante un aborto provocado, esta puede llegar a sufrir lesiones en el cérvix y condicionar negativamente futuros embarazos? La Human Reproduction, una de las mejores revistas y de mayor reconocimiento a nivel mundial sobre reproducción humana, publicó un artículo científico en el que afirmaba que “las mujeres que han abortado dos o tres veces van a tener, además, embarazos prematuros y posibles enfermedades en esos niños (los que decidieran no abortar posteriormente)”.

En 1923, Margaret Sanger fundó Planned Parenthood. Sanger describió sus objetivos en su libro El eje de la civilización: «más niños de los capacitados, menos de los incapacitados. Esa es la esencia del control de la natalidad». En efecto, la fundadora de Planned Parenthood disfrutaba con la eugenesia racial; además de racista –puesto que el aborto fue uno de los métodos eugenésicos para reducir la población negraraza disgénica», según Sanger) de los Estados Unidos–, Sanger creía en la raza aria. Propuso, refiriéndose a los negros y discapacitados, «segregar a los imbéciles, que aumentan y se multiplican». Barack Obama, primer presidente negro de los Estados Unidos, la homenajeó –pues se trata de “una heroína dentro del movimiento abortista”–. Con algo más de lucidez que Obama, la sobrina de Martin Luther King, Alveda Scott King, escribió en el Wall Street Journalque es «el intento de genocidio que permite eliminar a los indeseables (…) todavía existe un lugar en América donde la gente puede ser asesinada por su raza, y los asesinos quedan libres. Eso es una clínica abortista».

Hoy se sigue practicando la eugenesia. Un reportaje de la CBS[4]concluyó que en Islandia se abortan prácticamente el 100% de los niños con síndrome de Down, en Estados Unidos un 67%, en Francia el 77% y en Dinamarca el 97%. La Fundación Jerome Lejeune también denuncia que se aborte tal cantidad de personas con discapacidad. De los 94.000 abortos provocados que hubo en España, al menos un 4% correspondían a discapacitados. Aunque algunos, luego, no tienen ningún reparo en aplaudir con efusión después de ver la película de Campeones.

A pesar del ensordecedor silencio y al acallamiento de muchos sectores se ha demostrado que, a más ciencia, más motivos para no abortar. Acogerse al argumento de la autonomía de la mujer, o al de la salud, ya no es útil ni lúcido. «Para poner fin a un embarazo», afirmó el polemista de izquierdas Christopher Hitchens «tienes que detener un corazón, apagar un cerebro en desarrollo… quebrar algunos huesos y despedazar algunos órganos». No hay trampa ni cartón, solo una verdad acallada.

Desde luego se trata de un tema complejo, ya no a nivel científico sino político y social. La Fundación RedMadrepublicó en su Informe de 2017 que se destinan 34 millones de euros para pagar abortos, a través de los impuestos, y solo tres millones para ayudar a embarazadas en apuros. ¿Cómo es posible que se destinen tantos medios económicos a una práctica que supone un constatado problema para la mujer? ¿Qué motiva a una sociedad feminista a defender la autodestrucción de la mujer? ¿Por qué nadie piensa en ellas y en su salud? Quizá porque no es la mujer lo que importa, sino el afán de dominarla a través de mentiras, de verdades calladas y la aglutinación del poder. Tanto el Partido Popular, como VOX, si deciden cumplir las promesas de sus votantes, deberán impulsar las políticas maternas sin demora, con fuerza y decisión. A estas alturas, un paso atrás, supone un retroceso en los derechos de la mujer.


[1]Fred Hutchinson Cancer Research Center, 2003; Universidad de Medicina de New Jersey, 1977.

[2]Shangai Institute of Planned Parenthood Research, 2003.

[3]Estudio de la University of North Carolina, 2003.

[4]What kind of society do you want to live in?URL: https://www.cbsnews.com/news/down-syndrome-iceland/

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